Opinión
Columna: Sopa de moscas
Escribe: Hugo García Michel
Fotografía: Archivo
Pertenezco a una de esas generaciones a las que nos tocó padecer aquellos informes presidenciales pantagruélicos, elefantiásicos, exuberantes, monstruosos.
Era la época del esplendor burocrático del Partido Revolucionario Institucional, una era en la cual la figura del Señor Presidente era omnímoda, omnipresente y omnipotente.
En ese entonces, los informes duraban varias horas y se transmitían en cadena nacional por todos los canales de radio y televisión. Eran ceremonias horriblemente solemnes, acartonadísimas, a las que asistían, sin faltar uno solo, los integrantes de una disciplinada clase política, en la que la oposición resultaba prácticamente decorativa.






