CONTIGO, MARÍA MARÍN
Escribe: María Marín
Mi abuela fue quien me crió. Recuerdo que en mi adolescencia una vez me advirtió sobre un chico con quien yo estaba saliendo: “ese muchacho no te conviene, ¡es un vago!”, y yo, terca justifiqué: “el pobrecito nadie lo entiende”. A lo que ella respondió: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.
Aunque han pasado muchos años, este viejo refrán me aplica tanto a mí como a muchas mujeres que distorsionan la realidad a su ventaja. A continuación comparto las mentiras más comunes que nos decimos las mujeres a nosotras mismas:






